LO PERFECTO ES ENEMIGO DE LO BUENO



LO PERFECTO ES ENEMIGO DE LO BUENO

 

Luis Miguel Jiménez Gómez 22/08/2026

Economista jubilado y escritor

¿Quién no ha comentado esa frase de Voltaire en algún momento? O aquella otra de que «la política es el arte de lo posible» del canciller alemán Otto von Bismarck y que a veces se atribuye a W. Churchill. Ambas con el sentido de que la política no debe reivindicar la perfección en sus postulados, no es una ciencia exacta, ni falta que le hace.

De la política lo que se espera es que se interese por el progreso de la sociedad y que solucione los problemas de la ciudadanía, complejos en la mayoría de los casos y donde siempre se dan distintos enfoques en la manera de abordarlos. Encontrar lo que une a la mayoría, lo que nosotros podríamos resumir en que las ganancias de los acuerdos compensen lo que se deja de conseguir, es lo que debiera orientar la acción política.

Cuánto aprendimos de eso en otro tiempo, ¿verdad? Porque el consenso y la cultura del pacto fue entonces un inestimable valor político.

Traemos esto a colación porque la acumulación de desgracias que vivimos en estas semanas ha hecho que por unos días nuestra atención se haya desviado lógicamente del trascendental asunto de la reforma del Sistema de Financiación Autonómico (SFA), que está pendiente desde 2014.

Sea por los reventones térmicos del mediterráneo o por los incendios forestales, cada vez más habituales y virulentos en todo el territorio nacional, por los hechos acaecidos en nuestras dos ciudades autónomas, sobre todo en la de Ceuta, o las dramáticas imágenes que nos traen los terremotos en Granada, y siempre por los insoportables casos de víctimas de violencia de género que siguen creciendo año tras año, a pesar de que alguien se empeñe en negarlos, lo cierto es que asistimos una cierta tregua dialéctica acerca del futuro que le aguarda a la propuesta del gobierno sobre la reforma del SFA. Pero solo hasta que en pocos días las fuerzas políticas vuelvan a la carga, dado que para el viernes 4 de septiembre está convocada una nueva reunión del Consejo de Política Fiscal y Financiera con las CCAA que deberá debatir sobre su aprobación.

El sistema propuesto reduce la desigualdad y gana en equidad 

De antemano cabe decir sin lugar a duda que el sistema propuesto reduce la desigualdad por habitante ajustado entre CCAA, ganando en equidad y no arbitrariedad, cuestiones que deberían merecer suficiente atención a la hora de abordar su debate. Porque ganarán más las CCAA peor tratadas en el sistema actual (que data de 2009) sin que se vean perjudicadas las que ahora son más beneficiadas.

Por eso parece oportuno recordar las ideas principales de la propuesta y que consideramos del mayor interés para la ciudadanía en general, y la andaluza en particular. A estas alturas quizás sean las dos siguientes las que mejor resuman el propósito de la reforma presentada:

La primera idea es que la arquitectura del sistema propuesto posibilitará la movilización hacia las CCAA de alrededor de 224.500 millones de euros para 2027, con un incremento de 21.000 millones más de lo que lo haría con el sistema actual. Las previsiones también anuncian que se reducirá a la mitad la brecha actual entre las CCAA que más y que menos reciben.

Andalucía es la que más ganaría en términos absolutos, la quinta en euros por habitante 

En términos absolutos, Andalucía con 4.846 millones sería la comunidad que más ganaría con el nuevo sistema, y la quinta por habitante, con 556 euros (por detrás de la R. Murcia con 743, C. Valenciana con 668, CLM con 583 y Catalunya, con 572).

La segunda idea nos llevaría a considerar la mejora cualitativa y cuantitativa en los porcentajes de reparto por funciones del gasto autonómico. El Ministerio de Hacienda estableció en 2021 los indicadores básicos de necesidades de gasto y sus ponderaciones, además de unas variables correctivas de carácter geográfico y demográfico. Quedan resumidos en el siguiente cuadro:

 

INDICADOR

PONDERACIÓN ACTUAL (%)

PROPUESTA 2021 (%)

PROPUESTA 2026 (%)

Sanidad

38

40-45

46,84

Educación

20,5

25-30

27,27

Servicios sociales

8,5

6-10

7,74

Resto de servicios

30

18-22

15,15

Como puede observarse, las ponderaciones actuales del SFA han quedado ampliamente mejoradas en dos de los indicadores más sensibles para la ciudadanía: sanidad y educación.

Y no podía ser de otra manera, como es lógico, porque la denuncia de la precariedad con la que son prestados esos servicios desde hace años ha calado en la sociedad y los españoles exigimos mayores recursos para que podamos ser atendidos con la calidad que nos merecemos. En ese sentido, conviene recordar que para el inminente inicio del curso está previsto que vuelvan las manifestaciones y las actividades de las mareas con esas reivindicaciones.

Andalucía es de las que menos destina a gasto sanitario por habitante o educativo por alumno

El indicador de “Educación” está compuesto por las ponderaciones de determinadas variables respecto de las enseñanzas universitarias / no universitarias. Cabe destacar que la propuesta incrementa en 6,77 puntos porcentuales la ponderación actual.

A su vez, el “Sanitario” sigue descansando en la variable de población protegida equivalente, calculada según los perfiles del gasto sanitario per cápita por edades, pero con la posibilidad de aumentar a futuro el número de tramos de edad de observación. En este caso, el incremento de su peso específico aumenta en 8,84 puntos porcentuales.

Ambas ideas nos muestran nítidamente el alcance de la apuesta: un incremento notable de los recursos que ponen a la sanidad y la educación en el centro de atención del sistema.

Y claro que la propuesta tiene algunas sombras, por supuesto que las hay, y concitan el mismo parecer y consenso entre los expertos que las mejoras que acredita. Si no las tuviera la propuesta sería perfecta y en asunto de esta complejidad nos atreveríamos a afirmar sin ambages que viene al caso aquello de que «lo perfecto es enemigo de lo bueno».

Porque lo que está encima de la mesa es poder pactar ahora “lo posible”, mejorando todas de manera indiscutible respecto de lo que hoy tenemos, ya desde el próximo año.

Sabemos que el sistema nunca será perfecto, porque son quince realidades cambiantes las que debemos conjugar, pero sí sería el mejor punto de partida para seguir avanzando en su adaptación y reduciendo aún más aquella brecha entre las que más y las que menos reciben.

Con esta reflexión concluimos: ¿nos quedamos ya con lo bueno y seguimos trabajando para mejorarlo, o nos quedamos como estamos esperando algún día ser perfectos?

El 4 de septiembre lo sabremos…