La IA, el poder, la guerra, la vigilancia



Antonio J. Sánchez

31 agosto 2026

Con esta octava entrada concluye esta serie de notas, que sacan a la luz en nuestro blog algunas de las cuestiones debatidas en el Taller sobre IA y Relaciones laborales sostenida en el curso 2025-2026 por nuestra Asociación.

En el origen de la IA

Desde los comienzos de la IA, allá por los cincuenta del siglo pasado, su posible uso militar ha estado siempre presente, un uso que confluía además con el más ambiguo y extenso mundo de la seguridad. De hecho la expresión de “Inteligencia Artificial” nace como término de marketing, reemplazando a denominaciones iniciales más académicas y exactas, para abrirse camino más fácilmente en esos ámbitos, animados hasta hace poco  básicamente por empresas norteamericanas apoyadas en algunas contadas empresas europeas.

Desde los años cincuenta esa presencia ha tomado varias formas:

·        Las instituciones de defensa (USA) han financiado proyectos de I+D

·        Las instituciones de defensa han integrado a actores de la IA en programas y proyectos propios.

·        Las instituciones de defensa y seguridad han aportado capital a empresas de IA, en particular a través de la sociedad de capital riesgo de la CIA, pero previsiblemente a través de otras formas menos directas.

·        Las instituciones de defensa y seguridad han adquirido sistemas IA

Un apoyo que ha pasado por diversas fases, pero que se ha acelerado de manera exponencial al hilo de varios factores:

·        Por un lado a medida que las soluciones IA iban mostrando su potencialidad.

·        Por otro, a medida que otros países, y en especial China, comenzaba a interesarse por la IA con bastante éxito.

·        Además, como consecuencia de la consolidación del contexto MAGA, que pretende, por cualquier medio, hacer de USA el corazón tecnológico del mundo y que ha visto en la IA una manera de conseguirlo, sólo cuestionado por China.

·        Y con el cambio sustancial de la política americana en Defensa, que ha transformado explícitamente ese mundo, hasta el punto de que ha pasado a denominarse ya, sin eufemismos, Guerra, como bien muestra el rebautizo de su Departamento de Estado competente.

La IA nunca se hubiera desarrollado sin la decisiva ayuda y sostén de los recursos de Defensa y Seguridad de los Estados Unidos a las empresas que la promovían, tanto en la forma agresiva que hoy comenzamos a conocerla como en las formas más “suaves” que mostraron en la década pasada y comienzos de esta.

Las aportaciones de la IA en el campo de la seguridad y de la guerra

El término “guerra” no tiene en la actualidad el contenido que pudo contener tras la segunda guerra mundial. Hoy este concepto abarca iniciativas y modos de actuación muy diversas, todas ellas con pesos importantes.

·        Comprende los sistemas convencionales de ataque mediante armas a instalaciones militares de países y entidades que se consideran enemigas.

·        Se extiende a los ataques mediante esas armas a las infraestructuras críticas de esos países y entidades.

·        Comprende igualmente ataques cibernéticos a las redes de control y gestión de los sistemas sobre los que descansa la actividad de los países y entes considerados enemigos, independientemente de que sean usados con fines civiles, militares o mixtos.

·        Incluye intervenciones de fraude en gran escala contra las instituciones públicas y privadas de los países y entidades considerados enemigos.

·        Suma el despliegue de operaciones de desinformación e intoxicación de redes, sociedades y países considerados enemigos.

Y su ámbito de afección es muy amplio, ya que el concepto “enemigo” es lábil, y suele incluir a cualquier país o ente que Estados Unidos considere, por los motivos que fuera, contrario real o potencialmente a sus intereses, desde una Iglesia, una institución universitaria, una institución como la UE, un líder…hasta una comunidad armada.

Hoy las fronteras entre guerra y seguridad se han difuminado, de manera que cuanto se ha dicho vale para las intervenciones de “seguridad”, una especie de segunda marca para las “guerras” no declaradas o reconocidas, tan comunes en esta época, llevadas algunas mediante secretas patentes corsarias, conforme a viejos estilos del pasado.

La conjunción de los sistemas de IA con la robotización y con el desarrollo de nuevos sistemas de armas, ha fortalecido notablemente el papel de la IA en estos ámbitos, al abaratar y hacer posible modalidades de intervención que hasta ahora estaban fuera del alcance de las instituciones armadas o de seguridad.

Algunos de estos ámbitos quedan reservados a intervenciones estatales, por la cuantía y especialización de los medios que requieren. Pero en buena parte de los demás ámbitos algunos operadores privados tienen medios sobrados para intervenir, a veces como asistencias mercenarias de Estados, a veces por propia iniciativa, acumulando además más poder día a día en dichos campos, en tanto que las informaciones adquiridas en esas actividades quedan en sus manos. La reciente integración del complejo de empresas norteamericanas de ciberseguridad en el complejo de Defensa y Seguridad de los Estados Unidos, por mandato de su Presidente de este mismo mes de agosto, es una buena muestra de ello

No olvidemos a efectos de interpretación de estas consideraciones, que quienes tienen esos medios de intervención son un número muy contado de empresas, prácticamente todas de los Estados Unidos, sin que se sepa a ciencia cierta las capacidades de otros Estados, Rusia o China en concreto, en estas cuestiones, por más que en algunas materias puedan intuirse.

La vigilancia total

La materia prima de la IA son los datos, y estos, en el ámbito de la Defensa y Seguridad sólo pueden provenir de una vigilancia exhaustiva sobre el comportamiento de personas e instituciones, sobre las manifestaciones físicas de esos comportamientos y sobre los rasgos de los espacios donde transcurre la actividad de la sociedad.

Hoy las entidades que se han arrogado las competencias de esa vigilancia tienen en la IA un apoyo imprescindible ya que le proporciona, a costes muy razonables, información rápida sobre los posibles riesgos, las vulnerabilidades de sus potenciales enemigos y sobre las posibles oportunidades de intervención, a escala universal, gracias, en buena medida, a los datos públicos y privados que ha ido tratando en sus sistemas, la mayor parte, obtenidos (“saqueados” dicen algunos) sin el menor respeto a los marcos normativos en vigor, tanto sobre el respeto a la privacidad como sobre el respeto a la propiedad privada, y a los sistemas de captación de información de que disponen, en todos los ámbitos, gracias a su control sobre las redes de intercambio de información, y a su tenencia de sistemas de captura de imágenes sobre el planeta.

En este punto entra en juego un factor clave: mientras que en el tema del ataque o la defensa con armas, pocos dudan de que esto es competencia de los Estados, y pocos pueden restringir esas competencias, validando el principio de que los Estados son quienes monopolizan el uso de la violencia, en materia de vigilancia total ésta se soporta sobre medios que en la mayoría de los casos son privados, en marcos reguladores completamente inadecuados para estas nuevas circunstancias, cuyos intentos de actualización son convenientemente saboteados por quienes pueden perder mucho, en caso de habilitarse en países e instituciones internacionales marcos regulatorios respetuosos con los derechos de las personas adecuados a las nuevas tecnologías.

El futuro de la IA es su uso para Defensa y Seguridad

Los costes que los actuales sistemas de IA requieren para desplegarse son de tal calibre, que prácticamente no pueden recuperarse mediante su uso civil (y menos si uso es en gran medida para recreo y divertimento), por altas que sean las tasas de uso que se impongan y por elevados que sean también los ingresos por publicidad que se obtengan (reñidos además con la imposición de altas tasas). No hay ni consumidores, ni capacidad adquisitiva para generar los recursos que esas inversiones requieren para ser atractivas, y buena parte de la inquietud por una posible burbuja bursátil de la IA radica en estas percepciones.

Por ello, entiendo que el desarrollo de la IA sólo puede sostenerse de dos maneras:

·        Mediante la asunción del coste del despliegue de la IA desde los Estados, lo cual no es previsible que ocurra a corto y medio, ya que se opone frontalmente a los intereses de quienes hoy la alientan.

·        Fortaleciendo que el producto estrella de la IA sea la Defensa y la Seguridad, y los Estados y los entes que quieran competir con los estados, estén dispuestos a costear holgadamente esos desarrollos y su empleo.

En ese horizonte cabe que los usos especializados y ajenos a la Defensa y Seguridad encuentren un camino de desarrollo, desde bases productivas de IA distintas de las actuales, al margen de las grandes gigafactorías y de los grandes modelos, a un coste por tanto mucho menor que los actuales. Sólo sobre ese supuesto pudieran prosperar soluciones civiles presumiblemente más satisfactorias y que, además pueden cuestionar a fondo el oligopolio privado sobre el que se sustenta hoy  la IA. Hoy no es una opción despreciable y es probable que ese sea el camino seguido en el escenario europeo y americano para SIA orientadas hacia esos usos civiles.

En ese horizonte sin embargo, la Defensa y Seguridad, apoyada en la robótica y en los sistemas generales de Vigilancia, pasarían a ser los campos privilegiados de la IA, que se desentenderían en todo o en parte de producir gadgets para el consumo. Se rompería con ello el monopolio de la violencia de los Estados entrando de lleno en ese mundo operadores privados. Ese escenario, que comienza a perfilarse con nitidez, lleva a la IA y a la sociedad por un camino sumamente inquietante, cuyo final poco tiene de incierto.