IA. Al hilo de “La encíclica Magnifica Humanitas” de León XIV. 1

IA. Al hilo de “La encíclica Magnifica
Humanitas” de León XIV. 1

Antonio J. Sánchez

2/8/2026


Al leer la encíclica y algunas de las reacciones que ha suscitado me parece oportuno compartir algunas consideraciones que se me plantean.

La IA ya está aquí

Entiendo que la posición desde la que vemos la IA ya no puede ser la del sujeto que tiene noticias de ella a través de los periódicos, como quizás podíamos adoptar hace sólo dos o tres años.

La IA ya está aquí, y conocemos su uso en muchos campos: en algunos porque nos afectan cotidianamente (trámites, control de tráficos, control de flujos de la energía, transacciones financieras…), en otros porque forman parte del entramado técnico con el que ya abordamos nuestro trabajo, en otros aún porque nos ofrece herramientas a las que recurrir para nuestra actividad o nuestro ocio...La IA ya está aquí, y prácticamente cualquier actividad que realizamos contribuye a su configuración.

La posición ante ella no es pues la que podemos tener sobre algo ajeno, sino la de quien ha de ir tomando constantes decisiones sobre las interacciones en las que nos sitúa, y en las que ya moldea nuestras personas y nuestra sociedad. El reciente libro de Carissa Véliz, Profecía, nos habla extensamente de su presencia.

¿Ver la IA desde la mejora de los rendimientos empresariales?

Ver la IA sólo desde una perspectiva que la justificativa por las bondades que van a incorporar en la eficiencia empresarial creo que es adoptar la perspectiva limitativa que se nos “vende” para que la aceptemos, y decidamos orientar hacia los negocios que la sostienen ingentes recursos de todo tipo. Adopción que quizás, en sus aspectos más propiamente productivos, cabe que esté sobreestimada.

No debemos olvidar que hoy los usos más efectivos de la IA son los militares y los relacionados con el control y la configuración de los ciudadanos, y con el fortalecimiento del poder. Esos usos, conflictivos y con muchas vertientes peligrosas, debemos tomarles en cuenta en nuestra percepción de la IA.

¿Valorar la IA en tanto que permite automatizar cada vez más tareas?

Creo que esa perspectiva se queda muy corta. Además de automatizar tareas, la IA toma ya decisiones sobre acciones o tipos de acciones a llevar a cabo a partir de fines que se le señalan: comprar acciones; bombardear determinados lugares; grabar y seguir a determinadas personas; atacar determinados países, empresas o territorios; seleccionar parejas en las aplicaciones de citas….

La integración de sus conclusiones con metas más genéricas y su apertura a activar respuestas, la IA agéntica y la ofensiva, va revelando los campos donde más eficaz va a ser en los próximos años.

La IA además, está entrando en el proceloso mundo de las relaciones personales, a través precisamente de sus sistemas “relacionales”, alterando profundamente el aprendizaje y práctica emocional de las personas.

La IA perjudica a los trabajadores

A menudo se señala que son los trabajadores sin formación los más afectados por la IA. Sin embargo todos los estudios que conocemos señalan que la IA apenas tiene incidencia en las actividades realizadas por los trabajadores menos formados (construcción, agricultura, cuidados…) y, sin embargo, está transformando profundamente las actividades desempeñadas por personas con niveles altos de formación (programación, servicios tecnológicos, educación…). Y prácticamente todos los estudios realizados señalan que, en mayor o menor grado, la IA va a subvertir el mundo de las relaciones laborales y del empleo.

Esta consideración obliga a un replanteamiento de algunas de las metas y propósitos comprendidos en las políticas de “modernización” de las comunidades autónomas. Por un lado porque suelen poner énfasis en fomentar cualificaciones hoy altamente expuestas al impacto de los sistemas de IA, y, por otro, porque interfieren plenamente en la operativa de las administraciones de las comunidades autónomas, que con mucha frecuencia, se hallan en niveles nada próximos a los de la “excelencia”.

El Papa cuestiona la filosofía de diseño predominante de la tecnología IA

Toda la Encíclica es una expresión constante de cuestionamiento de la filosofía subyacente en el diseño de esa tecnología (y hay muchos epígrafes que así lo muestran, especialmente a partir del epígrafe 112 y hasta el final), filosofía que se puede expresar muy fácilmente: provocar la generación de un salto evolutivo, donde el ser humano quede relegado, al no ser ya suficientemente eficiente.

Y pone de manifiesto la tremenda colisión que la IA genera, al procurar que la sociedad no se funde ya sobre el “trabajo” humano, sin que, por otra parte, los promotores de la IA no sólo no indiquen qué van a hacer con los seres humanos, sino que nos muestran cómo no están dispuestos a compartir sus cada vez más inmensas riquezas con nadie. La metáfora que The Economist señalaba hablando del impacto de la IA (“la revolución industrial hizo inútiles los caballos; en la revolución de la IA los caballos somos nosotros”) creo que es válida al caso.

La Iglesia que funda buena parte de la dignidad humana en el valor de la persona como trabajador, y en la dignidad intrínseca del ser humano, es comprensible que no comparta los planteamientos subyacentes en la IA: “la humanidad no debe ser sustituida ni superada (126).

Las críticas al Papa por no cuestionar la filosofía subyacente en las versiones más extremas de la IA me parecen infundadas, ya que sí las cuestiona.

Al Papa se le achaca que a la encíclica le falta determinación

No estoy de acuerdo con esa afirmación. La Encíclica además de marcar constantemente los principios que deben regir en el desarrollo humano (en particular entre sus epígrafes 59 y 85), y de señalar reiteradamente las disfunciones de la IA que exacerba la desigualdad social (ver por ejemplo el epígrafe 108 y 109), reclama, entre otras muchas propuestas, “desarmar la IA”, sustraerla de la competencia armamentística…romper la equivalencia entre poder tecnológico y derecho a gobernar (110). Y además señala la necesidad de poner coto a la concentración empresarial de los operadores tecnológicos (108 y 109). ¿Es eso falta de determinación?

Con ello el Papa converge con numerosas voces, unas procedentes de colectivos científico e intelectuales, otras provenientes de marcos políticos populistas, y aún otras procedentes de marcos religiosos ajenos al catolicismo, como algunos de los movimientos cristianos norteamericanos, que bajo el slogan “Human First”, piden también una reconsideración del sentido de la IA. Llamadas que se alinean además con las voces de la propia Comisión Europea expresadas en sus desarrollos normativos al respecto, ferozmente combatidos por las grandes corporaciones norteamericanas y por el actual Gobierno de Estados Unidos, en aras de una supuesta reducción de la libertad.