25/08/2026
El 18 de abril de 2026, pocos días antes de la
aparición el 15 de mayo de la Encíclica Magnifica Humanitas, Alex Karp, CEO de
Palantir, probablemente la empresa más importante del mundo en materia de
sistemas informáticos para la seguridad, publicó en X un resumen de sus
planteamientos sobre la “República Tecnológica” formulados ya en 2025 en un
libro suyo, para orientar el desarrollo de la IA y el software hacia la
consolidación de un “poder duro” pivotado sobre los Estados Unidos, que tuvo
una gran resonancia.
El Manifiesto es interpretado como parte de la “pelea” de los
líderes de la IA por crear su narrativa.
Creo que los líderes de la IA no pelean por “crear su
narrativa”, no les hace falta, la tienen y la exponen con relativa frecuencia, más allá de mensajes de marketing engañosos.
Los líderes de la IA, casi todos, tienen unos
planteamientos específicos respecto a la IA bastante bien construidos. Algunos
mantienen esos principios desde que hace veinte-treinta años comenzaron a
dedicar tiempo, esfuerzo y dinero en alentar desarrollos radicales y amplios de
la IA. Otros, buena parte, han ido cambiando su perspectiva con el paso del
tiempo, la evolución de las tecnologías generadas, las modificaciones en sus
perspectivas de uso, la evolución de sus productos, sus posibles modos de
monetización...Algunos han sido especialmente prolíficos en los modos de
comunicar esos principios; otros han sido más parcos, y otros han sido
refractarios a expresarlos.
Lo que podríamos llamar “peleas” por crear sus
narrativas, creo que son más bien “peleas”, tirando a auténticas grescas, por
el modo de enfocar sus productos, asociadas a la ruptura de acuerdos entre
antiguos socios, a presiones por desplazar competidores…Peleas cuyo alcance y
razones a veces se cuentan (Narrativa), a veces no, en función del carácter de
los polemistas, y de sus intereses mercantiles y societarios.
Esas “peleas”, disputas, no están por tanto en el plano
de la retórica, sino que se producen a niveles más profundos y, en ocasiones,
más próximos al plano de la realidad, con numerosos impactos económicos,
organizativos y sobre las personas que se mueven en ese sector.
Las polémicas no se ciñen a las manifestaciones
extremas de Karp, o las más suaves de Amodei (uno de los que se opusieron al
empleo militar de las aplicaciones de Open AI, y que creyeron, como al
principio hicieron algunos, de que la IA iba a orientarse hacia fines
benéficos). Quedan fuera potentes animadores de la evolución de la IA tan
relevantes como Minsky, Hassabis (que acaba de ser ascendido en Google al
máximo responsable de sus desarrollos tecnológicos), Sustkever, Mira Murati,
Brockman, Pachocki, Altman, Musk, Bezos, Larry Page o Sergey Brin, parte de los
cuales han reflejado por escrito sus posiciones respecto a la IA cuando la han
tenido o la han cambiado. No todos ellos comparten los planteamientos ni se
alinean con Karp, que representa, en su caso un extremo (más moderado quizás
que Thiel) de las posiciones ideológicas respecto a la IA. Un análisis sobre
todo ese maremágnum de reflexiones, imprescindible, requeriría ampliar la
perspectiva, incluyendo en ella el debate que se suscita en Europa, nuestro
referente más inmediato.
Tratar de profundizar en la significación de los
planteamientos que fundamentan la IA obligaría a detenerse además en China,
tarea quizás hoy inabordable, pero que admite acercamientos acaso muy
ilustradores. Y, a vueltas con lo que ya he indicado en alguna entrada
anterior, con lo que se cuece en Europa, a fin de cuentas nuestro ecosistema
tecnológico.
¿Qué representa el “Manifiesto Tecnológico?
No creo que el texto (un mensaje en X) de Karp refleje,
ni mucho menos, los planteamientos de los productores norteamericanos de IA.
Refleja los planteamientos de Karp, ni siquiera de la empresa Palantir (una
empresa no tiene planteamientos de esta naturaleza y menos cuando du propiedad
no la tiene su CEO).
Para empezar el texto de Karp no se llama “Manifiesto
Tecnológico” sino, ni más ni menos, “República Tecnológica”. Eso ya deja claro
de qué va a hablar: de su concepción del mundo y de la sociedad. La referencia
a la IA en su texto es relativamente “marginal”, y sólo en tanto le provee de
una destacada herramienta para la construcción y el mantenimiento del sistema
de poder y sociedad que propone.
El habla de otra cosa, muy ampliamente tratada en su
libro del mismo título editado el pasado año (el título completo lo dice casi
todo: República Tecnológica: Poder duro, pensamiento débil y el futuro de
Occidente) y cuyas consideraciones resume ahora en el texto que publicó en
X: la incompatibilidad entre democracia y libertad (como también sostiene su
socio Thiel); la necesidad de la preponderancia mundial de los Estados Unidos;
la vinculación de las sociedades que desarrollan la IA con el gobierno
americano; la concepción de que el mundo es un ámbito que sólo puede
estructurarse sobre relaciones de dominio y no de cooperación o convivencia; el
consecuente despliegue de una sociedad militarizada (servicio militar
obligatorio); la debilidad de quienes piensan de otra manera; la inutilidad de
la competencia….
Son planteamientos de un extremista político norteamericano
que no se reconocen en la mayoría de las expresiones de otros protagonistas de
la IA, más protagonistas además si cabe, ya que Karp no es tanto un generador
de sistemas IA, sino un desarrollador y un usuario, para fines que su compañía
(Palantir) ya tenía cuando nació hace más de veinte años: despliegues de
sistemas masivos y rápidos de control para uso militar, policial y de
seguridad.
Analizar la IA confrontando el discurso del Papa,
complejo, pero siempre referenciado a la IA, con el discurso de Karp (un
discurso político con perfil propio: anarcocapitalismo, nazismo….), orientado a
promover un determinado tipo de sociedad subordinada mundial a los Estados
Unidos, creo que no es fructífero. Es crear una falsa polarización
“buenos/malos” (entre planteamientos que
no juegan ni en la misma liga, ni al mismo deporte) que poco nos ayuda a
entender la IA y las corrientes que la conforman, por tentador que sea su
simplismo (los análisis de Enric Juliana al respecto me parece que, aunque
llamativos, están confundiendo y desorientando más a los lectores de lo que
deberían).
Puesto a cotejar el mensaje del Papa en relación con la
IA con los de otros actores, habría que buscar a éstos en el último Altman, en
Amodei, en Musk, en Hassabis, en quienes desde Microsoft o Apple la promueven….a
sabiendas de que los planteamientos que configuran la IA están penetrados cada
vez más por los agentes políticos, que están dándose cuenta muy rápidamente de
su valor para sus intereses. Cotejar el mensaje del Papa con las visiones de la
IA que están formulándose por la izquierda y por la derecha americana, y por
los líderes europeos, quizás fuera un ejercicio de mayor utilidad.
